Van a transcurrir
266 días más desde los primeros 100 en que los bonaverenses nos enteramos de un
triste balance del antecesor y un plan que, a 31 de diciembre, cumplirá el
primer año de gobierno.
En ese marzo, entonces,
publicamos la portada del inicio de una obra pero en el que significamos que a
tan escasos tres meses no era posible indicar cómo le estaba yendo al
mandatario Eliécer Arboleda Torres y a ninguno de los posesionados apenas el 1
de enero de este año, que cuenta con un día más por ser bisiesto.
Es decir, la
lectura de esa portada de abril, reflejaba que la gestión de Arboleda Torres
estaba en obra, en construcción.
Al término del
primer año se puede afirmar que, aunque se ha avanzado en aspectos como la
educación y la seguridad, aún no despegan las obras que impacten o que motiven
cambios visibles, la movilidad sigue siendo controlada a medias y en servicios
públicos, especialmente el agua, no hay claridad sobre el deseo y el mecanismo
para hacerlo.
Sin embargo, son
ajustes que irán recortando la brecha de la gobernabilidad y los cambios que
los ciudadanos desean. En lo que si se ha fallado y es casi un común
denominador de las administraciones, es en la estrategia de comunicación y en
la manera como se ha interlocutado con los actores que no ven el reflejo del
eslogan “primero la gente”.
Faltó claridad y
aún explicación en lo actuado con la Concesión de Aguadulce; con los
indicadores, la gerencia y las acciones frente al caso Hospital; la queja de los
gremios de comerciantes; los afectados por la obra de la Calle 5ª y la
continuación de esta; el breve discurso frente a la renuncia de la obra de la
segunda línea de interconexión eléctrica y en los casos de Findeter e
Hidropacífico.
No obstante, todos
esperamos que los aciertos sigan abriéndose camino con una mejor comunicación
institucional, espacios de concertación y, sobretodo, entendiendo que el
silencio no es el mejor consejero en la vida pública.