martes, 21 de abril de 2020

Pandemicémonos...



‘Pandemicémonos’, en serio

Por RODRIGO VICTORIA BOTERO
Editor PORTEÑO, SE NOTA

Nos llegó la época de luchar contra un enemigo invisible que se devela con el nombre científico SARS-CoV-2, familiar de los coronavirus y que produce la enfermedad COVID-19  la cual estamos en proceso de entender y de vencer. Tan minúsculo como para alojarse en una gota de saliva y tan poderoso como para ser capaz de provocar el enroque en algunos gobernantes que minimizaron su acción y, en otros, al parecer, que exageran a su favor la toma de medidas más allá de la pandemia.

Ni siquiera está claro su origen, su capacidad de adaptación o su control. Hay al menos dos teorías sobre sus causas: los murciélagos y un caso de espionaje internacional con visos de sabotaje para favorecer las economías, teorías que satelitalmente no se corroboran, son la tendencia de su aparición (aunque se sostiene que Wuham, China, es el comienzo del brote, a finales de 2019).

El calor, el frío, el cambio climático, la debilidad de los años, las enfermedades como diabetes, cardiovasculares y afecciones torácicas que la agravan y hasta el enfoque racial, son la de su incubación y desarrollo.

Y medicamentos en otras experiencias, laboratorios con sus chimeneas al tope y gobiernos procurando dar el campanazo del “tenemos la cura y el control”, son la de la expectativa de 176 países de los 195 por abrazar la esperanza de reactivar sus industrias, sus comercios y sus mundos divertidos.

Tan solo en 19 países, fuente BBC News, (Comoras, Kiribati, Lesoto, Malawi, Islas Marshall, Micronesia, Nauru, Corea del Norte, Palau, Samoa, Santo Tomé y Príncipe, Islas Salomón, Sudán del Sur, Tayikistán, Tonga, Turkmenistán, Tuvalu, Vanuatu y Yemen) no se ha reportado esta pandemia mundial. Y aunque son naciones para algunos desconocidas, para otros han tenido a bien su estrategia del autoaislamiento: convirtieron sus aeropuertos o entradas en fronteras y como norma general dispusieron “la emergencia nacional” y el aislamiento social. No obstante, expertos sostienen que tendrán que abrir sus puertas para suplir necesidades y así no quedaría un espacio que escape.

No voy a repetir las cifras, además pecaría de desactualizado o desinformado porque estas varían por minuto y, además, ya sabemos que no están todos. Pero si lo prefiere échele una miradita al mapamundi digital, ese que parece brote de sarampión con sus puntos rojos y vuelva a estas líneas, por favor.

Hasta aquí, un panorama desolador en nuestra concurrencia humana de ser sociables, táctiles e inquietos. Una época que hizo visible que los débiles éramos más y que el café si cubre la necesidad de abrigar un alivio, no para las dolencias físicas sino para las del alma. Somos más los que menos tenemos, al igual que menos los que tenemos más. Gobiernos ricos soportando a sus muertos. Gobiernos pobres arropando a sus vivos.

Por estar pendiente de las cifras sin datos y las medidas de restricción con un mayor número de excepciones, me sentí incómodo donde siempre manifiesto querer estar, en casa. Pero al entender que lo mejor es observar, leer y analizar las situaciones, se me volvieron visibles y reales los del otro lado de la internet, los que están listos para comprar y vender sin medida, los del banco que me cerró oficinas para que me aglomerara, los del supermercado que me subió los precios, se guardó las promociones y sacó sus inventarios cañengo y los del carro que me cobraba con su taxímetro arreglado para ir a curar los enfermos.

Me enteré que no era invisible para los de los servicios públicos, los del celular, los de los intereses bancarios, los del colegio y la universidad, los del domicilio, los que cobran arriendo más allá de mi sueldo, los administradores abusivos de los conjuntos, los que mercadean con los productos del campo, los que no logran tener la medicina y hasta los que me ofrecen salud, pensión y el entierro. Noté que no todo el mundo está conectado y que no es que no entiendan el mensaje unificado que nos ofrecen. Es que vivimos una realidad y no es la virtual.

Lo que más he precisado es que si hay héroes diarios y que les pagamos mal y que no les damos sus herramientas, ni les donamos para que sigan voluntarios. Que no es tan necesario dos carros en casa, que más bien cinco bicicletas, que efectivamente el transporte masivo no es normal y que el calor del hogar, en serio, si es importante como lo es el día sin carro, caminar y ejercitarse y que el entretenimiento no puede costar tanto porque le juego dominó al que quiera, ajedrez a mi tío, le peleo sazón a mi abuela y, también, aprendí trucos del parchis.

Pues en casa me he enterado y eso que no me llega el periódico, que también me sigue haciendo falta, que no salir es saludable para algunos, pero engorda a otros. Y que me quedo en ella para no causar más desastre pero cuando vuelva a la calle quiero sentir que nos podemos ‘pandemizar’ produciendo, mejorando el medio ambiente, la atención en salud, procurando una educación para todos, en favor de los derechos humanos, del trabajo digno y la tolerancia y el respeto.

Nos llegará la época, nuevamente, de andar en la calle con la nostalgia de la casa, cuando la enfermedad del Covid-19 esté en la curva de mínima pandemia. Seguro decididos a contagiar de buenas causas a nuestros vecinos, de novedosas maneras de compartir los estilos y no de sobrevivir en la selva sino de vivirla y conservarla.      

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