miércoles, 6 de mayo de 2020

EL CORONAVIRUS NOS COGIÓ SIN DATOS



De la mano de Dios, pero recordando a Maradona
A pesar de que nos volvimos ‘expertos’ en el mundo digital, la enfermedad desconocida del #COVID-19 realmente nos cogió sin datos. Si bien hoy sabemos un poco más de la vida y la muerte y de cómo se contagian virus y bacterias, los gobiernos quedaron al desnudo en el manejo de datos, políticas de salud y estadísticas sociodemográficas

Por RODRIGO VICTORIA BOTERO

Y primó el momento del desespero, más no el del análisis. Éste llevó a Buenaventura a tomar una medida drástica, un día antes de cumplirse los 60 desde que en Colombia se oficializara el primer caso de la enfermedad originaria de la familia del coronavirus y que ha tenido al mundo resguardándose, improvisando, implorando solidaridad y conteniendo sus economías desde finales de 2019.

Desespero porque van 18 homicidios en los últimos 35 días y ese control está más lejos que el de la salud que, de paso, a la vista de los resultados estadísticos de hoy, es muy benévolo con la ciudad, muy a pesar de la indisciplina de la gente que bien es sabido vive del comercio informal, del día a día, del pan coger o como lo dijera el exalcalde destituido Eliécer Arboleda Torres: del “rebusque”, palabra que hizo ‘estallar’ el paro cívico del 16 de mayo del 2017 y que maduró el triunfo del hoy alcalde, Víctor Hugo Vidal Piedrahita.

Pero si es una pandemia por qué nombrar primero al principal puerto del país sobre el Pacífico. Porque seguida a la emergencia nacional, Buenaventura tenía el ojo del huracán: presa fácil del virus por sus condiciones sociodemográficas, por la paupérrima infraestructura y la ‘equivocada’ atención en salud.
A eso súmele que los más de $10 mil millones, mil de ellos durante la emergencia, girados para mejorar solamente el hospital distrital Luis Ablanque de la Plata no han sido suficientes para que tenga una sola cama UCI y otras tantas de cuidados intermedios. Anéxele más de $30 mil millones para que siga aun sin agua 24 horas y agréguele a la ‘olla pelada recibida’, la inexperiencia de la gobernanza y la inexpugnable barrera de contar con un equipo asesor más allá de sus naturales ‘socios’ del Comité del Paro Cívico.

Claro, el mundo y Colombia se han equivocado. El 13 de marzo, Iván Duque Márquez decretó la emergencia sanitaria para controlar lo que se disparaba en las regiones por temor al contagio. Delante de él ya estaban ajustando los modelos, Claudia Nayibe López Hernández, en Bogotá; Clara Luz Roldán González junto a Jorge Iván Ospina Gómez, alcalde de Cali; Óscar Eduardo Escobar García, alcalde de Palmira y Andrés Felipe Ramírez Restrepo, alcalde de Jamundí, para el Valle del Cauca.
Y Buenaventura no era ajena pero confiaba más en que allí no llegaría con tal fuerza. Ese discurso se promulgó en muchas intervenciones de Víctor Hugo Vidal Piedrahita al agradecer a Dios que no se confirmaba el primer caso en la ciudad. Esto junto a una teoría de que a la etnia afrodescendiente poco le caía el virus, envalentonó a una población que por naturaleza se resiste a estar en confinamiento y contraria a las medidas hasta se masificó para nadar en las bocas del mar.

Sin embargo, en razón de la independencia del territorio, no se sumó al decreto departamental de toque de queda del 20 al 23 de marzo.

No obstante, el 18 de marzo decretó la prohibición de concentraciones de más de 30 personas, control dentro de los terminales portuarios, prohibió el acceso temporal a las playas y sitios turísticos en la zona carreteable, suspendió las actividades de entretenimiento y restringió el ingreso y uso del Malecón y el Bulevar. Acto seguido impuso toque de queda y ley seca, entre las 9:00 p.m. y las 5:00 a.m.
De ahí que al decretar que la queda va de 7:00 p.m. a 6:00 a.m. todos los días y la ley seca permanente, hasta el 11 de mayo, inicialmente, una mayor parte de la población aprobó esta decisión con un: “eso había que hacerlo”.

NO CUADRAN LOS DATOS

Empecemos por saber que se desconoce aun el principio de este fin. Y que el final puede estar cerca, pero como dice el refranero popular: “una cosa va del dicho al hecho”. Y eso si que se ha visto en Colombia y, particularmente, en Buenaventura.

De ser por el Paro Cívico que cumple tres años, la angustia por la salud y salubridad de los bonaverenses no sería como hasta ahora se ha presentado. El Fondo que alcanzó a dividir la unidad del Comité del Paro debería estar solvente y no a la espera de la voluntad del ministro Carrasquilla que ahora si tendrá razones para decir que ese giro también se debe postergar.

Las EPS no solo dejaron desprotegida a Buenaventura sino que le recargaron una responsabilidad a la única Clínica que con sus limitaciones ha tratado encomendada tal vez a la santa de su nombre: Santa Sofía.

Errores en el manejo, en el diagnóstico y hasta una polémica sobre la ética profesional deja y será el campo de discusión al superar que los contagiados ya no sean la noticia de primer plano, muy a pesar de ‘las chuzadas’ y los perros bravos que soltaron en conjunto la fiscalía, la procuraduría y la contraloría en busca de actos corruptos. Como sea caerán los más débiles y los que estén más propensos a la enfermedad y a los malos manejos.

Las cifras y los datos, en el mundo, no cuadran. Francia anunció recientemente que tal vez su contagio empezó en el 2019, los muertos por #COVIS-19 no serán los contados y no todos los enfermos terminarán en una UCI. De hecho algunos ni siquiera tendremos oportunidad de una prueba.

Apenas si terminamos de contar las camas y apenas si avanzamos un poco en lo que debería ser una política seria que si sigue así, como ya se dieron cuenta, acabaría con la economía de las naciones. Casi que estamos ante un cuento “chino” pero bien echado que puso a parir hasta a los que no se han contagiado.

Al regresar a Buenaventura la falta de información, datos, cifras y de quien las entregue hace más crítica la situación. Por ser Distrito no está incluida dentro del cuadro epidemiológico del Valle del Cauca y en el boletín del lnstituto Nacional de Salud hay que esperar la actualización a la fecha.

Sin embargo, al ser solicitada la información, la secretaría de Salud asume que es información privilegiada. Pero la titular de la entidad pone en evidencia que a 5 pacientes en una noche no les practicaron la prueba en la Santa Sofía (uno de ellos se hizo viral en las redes y murió posteriormente en Cali), otro paciente diagnosticado con neumonía muere ante lo que un familiar dice que no le hicieron la prueba del COVID-19 y una profesional de la Clínica con síntomas denuncia que no se está aislando al personal por la misma razón que hacen falta para el servicio (también se denunció que hacían falta elementos bioseguros).

Estos procesos quedan ahí en medio del correr por atender y mitigar la pandemia tanto científicamente, como administrativa y solidariamente. En una emergencia, menos habrá procedimientos ceñidos al protocolo pero tampoco deben permitir que se hagan como el gol de Maradona.

Los resultados empiezan a engrosar los contagiados y estos sin disciplina podrán multiplicarlos en la casa y la vecindad. Entonces aquí es que faltará el centro de salud anunciado para San Antonio, la adecuación de un carpa hospital, la compra de los respiradores al señor Contreras para las 12 camas UCI y las que tal vez lleguen en agosto o septiembre provenientes del gobierno Nacional.

De lo demás que sea la mano de Dios.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario