Rodrigo Victoria Botero
El cierre de la vía Buga - Buenaventura, una vez más y que ha motivado restricción para circular por un año, cierres parciales y totales por más de dos días, cada vez, aumenta la crisis socioeconómica del puerto de Buenaventura.
Las consecuencias las viven sus habitantes. Las causas no son atacadas de raíz y siguen sin responsables, sin dolientes y sin que las "ías" (contraloría, procuraduría, fiscalía y superintendencias) se metan en su función.
Restricción de alimentos, de agua y de gas natural.
Restricción en el trabajo de cargue y descargue, en el alojamiento y los restaurantes.
Restricción en la movilidad y la manera como se logran los ingresos para la Nación.
A esta restricción que iniciaría en la madrugada del lunes se suma la que se tiene en las partes altas de la ciudad por falta de agua.
Recientemente, el presidente de la República, Juan Manuel Santos junto a su vicepresidente saliente, Germán Vargas Lleras; la gobernadora Dilian Francisca Toro Torres y el alcalde de Buenaventura, Eliecer Arboleda Torres, inauguró un muelle más en la bahía y advirtió que este es un nuevo paso hacia la consolidación de la Alianza Pacífica.
Crece el comercio exterior en medio o por encima de una comunidad interior que sigue sin necesidades básicas satisfechas.
A la que cada que hay una obra que supera en millones de pesos, dólares o euros su expectativa de mejorar la calidad de vida, le anuncian otra millonada para lo mismo: generación de empleo, movilidad, servicios públicos, salud, educación, bienestar y entretenimiento.
Y así lo entendemos en Buenaventura y así lo venimos esperando por más de 80 años.
Cada obra tiene su afán y en los últimos 15 años nos han cumplido: dos modernos muelles con grúas automatizadas, una casi doble calzada, un casi megacolegio, un casi hospital de 2o grado, un casi mirador con nombre de Malecón y con etapa de renovación de parque, un casi muelle para el ecoturismo y la biodiversidad, un casi Acuaparque donde lo difícil es tener agua en toda la ciudad todos los días, entre otros detallitos que van mostrándose.
Acá no se nota el desespero porque no somos guajiros, somos pacíficos. No se nota el afán porque hay fe y esperanza en las promesas.
Acá extendemos un muelle entre el abandono y la alegría.
El sonido natural del piano de la selva no se lamenta, se levanta e invita a un verdadero acuerdo de paz con estos gobernantes que como las olas vienen y se van.
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