Si al agua en Buenaventura le preguntara y pudiera contestar, qué diría?
Que cae como bendición sobre un terreno agradecido que como esponja se la devora sin armar más charcos que donde el pavimento siempre queda mal hecho, donde ya no está una estación de bombeo que habían construido, donde un viejo caño acaricia los cimientos del chorrero de casas que han permitido levantarse encima de su cauce y a su paso.
Para lavar con su fuerza las canaletas que la recoge como lluvia para llenar los tanques que les ofrecerá almacenarla para el aseo y hasta la comida al no llegar por donde normalmente llegaría.
Diría, el agua, que cae del cielo para mezclarse después de usada por la comunidad con el mar donde cae libre pero impura pues si el acueducto no funciona debidamente, el alcantarillado está a más de 2 mil millones de pesos.
Diría, precisamente, que no es potable porque esas mismas manos que la desperdician cuando viene de ríos ecológicamente envidiados en el mundo, lo contaminan con los líquidos del basuro, con los desechables del paseo o con la minería.
Y agregaría que cómo puedo ser potable si los encargados de tratarla se hacen los locos, no mantienen sus tanques o almacenamientos, no reponen sus redes o cuando las reparan no las purgan o mejor a punta de contratos tipo "odebrechitos" dejan entierros que nadie busca o reclama ( léasen contralorías, procuraría y/o fiscalía) y que son muchos pesos girados, ejecutados sin calidad, sin terminar y)o sin impacto.
Diría, como finalmente dice, que tiene suficiente para todos los seres vivos; naturalmente para las especies como el "muchillá' y tratada para más de tres veces poblaciones actuales y que hoy se lanzan a la calle para pedir soluciones.
Eso sí, advertiría que si siguen cortando sus sombras, echando sus metales, desperdiciándola en tubos rotos, en lavaderos públicos sin control, guardándola en tanques oxidados y sin conducirla como se debe a casa, y sin seguimiento a las millonarias de obras, será muy difícil que cumpla con su deber.
También refrendaría el clamor popular de cambiar a los gerentes de las empresas encargadas por ingenieros que entiendan del acueducto y no de la plata, para por lo menos refrescar el ambiente tenso y de inoperancia en que mantienen su potabilización y distribución.
El agua potable pediría más. La natural cuidado de su ambiente y la lluvia no haría tanta falta como ahora.
De seguir así, no habrá plata que alcance ni cuerpo que lo resista, muy a pesar de que sus habitantes que la reclaman como derecho desde hace _muchisísimos_ años, piden que llegase siquiera dos horas diarias pues tienen la infraestructura en sus casas para hacerla rendir por 24 horas como se ha prometido sin fecha en el calendario.
_Rodrigo Victoria Botero, PORTEÑO_.
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